Esa avellana es mia...
Mio, mio…

Los apegos y vínculos emocionales son una parte importante en nuestra vida, una base para relacionarnos con nuestro entorno, manteniendo un contacto con el mundo exterior. Estos pueden ser con personas, animales u objetos, la perdida de ellos nos lleva a un proceso de duelo, el cual no tiene un tiempo determinado de duración, ya que nosotros iremos “soltando” psicológicamente lo que hemos perdido.

Lo anterior es, a muy grandes rasgos, lo que se ha plasmado tan detalladamente en todas las teorías de apego, vínculo y duelo realizadas por diversos investigadores y grandes autores que la psicología ha tenido. Dentro de todo ello, lo que me interesa tratar el día de hoy es por qué nos cuesta tanto trabajo dejar o soltar una relación, recordando que estas pueden ser de tipo sentimental, laboral, de amistad o hacia un objeto.

Ahora bien cuándo terminamos una relación (ya se especificaron que hay diferentes tipos) la respuesta de nuestro cerebro para evitar el estrés y la angustia causada será el recuperar todos estos momentos gratos y positivos que tuvimos, para generar un sentimiento de “bienestar” temporal, sin embargo, al darnos cuenta que esto es una simple falacia entramos a los estados depresivos característicos del duelo. Al mismo tiempo y paradójicamente el cerebro intenta evitar estos estados cayendo dentro de un “circulo vicioso” regresando a la parte de la remembranza. Debemos saber que nuestro cerebro intenta evitarnos estos estados a toda costa, haciendo uso de todos lo elementos que nos permite generar una “tranquilidad”.

El apego que generamos con todo lo que nos rodea es a nivel psicológico se deriva de las emociones y momentos que en conjunto conforman nuestra memoria, generando sensaciones de bien estar por lo que buscamos más de estos eventos para sentirnos bien, por medio de ellos que se va llenando nuestra vida de esas remembranzas y añoranzas que en cualquier momento nos hacen sonreír.

El encontrarnos en una situación donde se perciban estados de “felicidad” constante nos lleva hacia el apego con la persona, objeto o lugar, por lo que en el momento que se llega a perder contacto con cualquiera de ellos entraremos en un proceso de duelo, como ya se había comentado.

Por lo tanto podríamos concluir que el “dejar ir” algo es por una situación a la que nuestro cerebro no esta preparado ya que evita a toda costa llegar a estados de angustia o ansiedad, aunque no siempre lo logra, cómo lo hemos llegado a comprobar en nuestras vidas diarias. Sin embargo, creo que es importante tener en cuenta que todo lo que tenemos en nuestro derredor son cuestiones pasajeras que no siempre se encontraran a nuestro alcance y que nosotros mismos somos finitos. A continuación les dejaré unos pequeños tips o puntos a tomar en cuenta para cualquier proceso de duelo por el cual pasemos.

Por ello cuando iniciamos el proceso de duelo es bueno:

  • Salir con amigos: ya que el estar en contacto con otras personas con las cuales ya tenemos un vínculo, nos retribuye poco a poco esta sensación, sin necesidad de entrar en ese “circulo vicioso” que describimos líneas arriba.
  • Conocer gente nueva: esto ayuda a generar incertidumbre en nuestro entorno, lo cual desvía nuestra atención del evento por el que estamos pasando.
  • Realizar nuevas actividades: al realizar una nueva actividad se generan nuevas expectativas teniendo como resultado tiempo después el olvido del evento.
  • Acudir con el psicólogo: te ayudaremos a pasar y aceptar este proceso.
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