t17img2La acción de discutir es algo que todo ser humano ha realizado en algún momento de su vida, en su forma primigenia es un tipo de comunicación, si se presenta repetidamente y sin control alguno podría ocasionar problemas.

En una investigación realizada en la Universidad de Londres encontraron la activación de una red similar a la del “amor” al momento que una persona se encontraba discutiendo siendo la corteza pre-frontal y el sistema límbico. Por su parte la Universidad de Harvard entraron que el lóbulo pre-frontal lateral nos ayuda a regular las emociones por medio del lenguaje, la lógica, las reglas sociales y religiosas, evitando excesos de dopamina en nuestro sistema haciendo de esta acción mas constructiva y menos impulsivas.

En la Universidad de Michigan se realizó un estudio dentro del cual se concluye: las personas que nos discuten tienen mayor riesgo a tener una muerte prematura. Aquí habría que hacer un pequeño paréntesis, el enojo sirve al ser humano para ser competitivo, teniendo una mejor interacción con sus semejantes (teniendo en cuenta que tanto la acción de discutir como el sentimiento de enojo dentro de los parámetros con la situación que estamos viviendo, sin llegar a un desborde de estos dos pudiendo llegar a estados patológicos o fuera de la situación que se nos presenta), por otra parte el discutir ayuda al sujeto a tener una mente ágil, frena el deterioro cognitivo, expresa de mejor forma sus sentimientos y resuelve de mejor manera los conflictos.

En escritos anteriores hemos revisado que los hombres y mujeres tienen por biología diferente forma en sus procesos mentales, en este tema no dista de encontrar estas diferencias:

  • NeuronaMujeres: El lóbulo pre-frontal lateral madura a los 22 años, aunado a que su cuerpo
    calloso (unión entre hemisferios cerebrales) es un 30% mayor al del hombre y tiene la posibilidad de pronunciar entre 25 mil y 32 mil palabras al día.
  • Hombres: El lóbulo pre-frontal lateral madura a los 25 años, el cuerpo calloso es de menor grosor que en las mujeres y tiene la posibilidad de pronunciar entre 12 mil y 15 mil palabras al día.

Por lo anterior podemos dilucidar porque en una discusión de pareja la mujer por lo regular tiende a dar una explicación de los hechos en forma abundante mientras que su interlocutor se podrá expresar con monosílabos. Esto no sirve como excusa o como ataque, sino al contrario, es de importancia saber esto para entenderse en estas ocasiones, sin esperar algo más. Ahora bien, en la mujer los niveles hormonales influyen ya que dependiendo de ellos podrá dirigir sus emociones de una fluida y astuta; en el hombre no afecta esta situación hormonal ya que tenemos a nuestro favor el tálamo el cual nos ayuda a mantener la estabilidad, sin embargo, llegamos a tener respuestas más agresivas por la activación de la amígdala (este conjunto de núcleos procesa y almacena las reacciones emocionales).

En la Universidad de Washington encontraron que una mayor actividad en la corteza pre-frontal lateral tiene como resultado una mejor recuperación emocional después de una discusión, así como un mejor control al momento de estar en el “calor” del momento.

En exceso esta acción puede traer como consecuencias trastornos de ansiedad o depresión entre otros problemas de salud, derivado de ello el discutir sólo por pasar el rato debatiendo e intercambiando sin un fin podría derivar en sentimientos de rabia, frustración, celos o envidia.

De acuerdo con el Dr. Luis M. Labath una discusión no deberá durar más allá de 15 minutos y si vamos a iniciar o a entrar en una situación de esta índole debemos entrar con el pensamiento “no es para ganar”, de lo contrario caeríamos en lo descrito en el párrafo anterior. Una discusión debe transcurrir con respeto y cordura, con el objetivo de aprender conductas y control de emociones teniendo como resultado una salud emocional, sin ejercer el poder sobre el interlocutor. Por lo que nos da algunos puntos para tomar en cuenta al momento de discutir:

  1. No descalificar.
  2. Escuchar argumentos sin interrumpir.
  3. Respetar la opinión del otro, sin burlarse de sus ideas.
  4. No sacar algo del pasado, ya que se saldría del tema que se está tratando.
  5. Hablar sin gritar.
  6. No arrinconar a la persona, sino fomentar el dialogo.

En conclusión, en ocasiones queremos imponer nuestra forma de pensar, sin embargo, debemos tomar en cuenta que cada uno de las personas con las que interactuamos pueden tener una versión diferente del tema a tratar y no por ello alguno de nosotros tenemos la verdad. Respeto y cordialidad deberán ser una premisa para que nuestros semejantes no se sientan atacados al momento de entrar a una discusión. Y lo más importante es dejar claro que el criterio personal es lo más importante para nosotros, plasmándolo y dejando claro nuestra forma de creer, pensar y sentir.

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